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El Abadengo es una comarca situada en el cuadrante noroccidental de la provincia de Salamanca y la constituyen los siguientes doce municipios: Ahigal de los Aceiteros, Bañobárez, Bermellar, Cerralbo, Fuenteliante, La Fregeneda, Hinojosa de Duero, Lumbrales, Olmedo de Camaces, La Redonda, San Felices de los Gallegos y Sobradillo. Al norte limita con la comarca salmantina de “Las Arribes” y con Portugal, al oeste con Portugal, al este con la comarca de Vitigudino y al sur con las tierras de Ciudad Rodrigo.
El nombre de la comarca está abierto a la investigación del filólogo. En estos campos siempre puede tratarse de un término prerromano al que la etimología popular haya hecho confluir con una palabra más cotidiana; así podría significar “lugar entre ríos”. Pero la opinión mas aceptada es que el nombre tiene su origen en la organización político-territorial del reino castellano-leonés tras la Reconquista. Por esos tiempos las poblaciones podían ser de tres tipos según su situación jurídica:
“Señoríos de realengo” eran tierras del rey y sus habitantes estaban directamente bajo su autoridad.
“Señoríos de abadengo” eran aquellos cuyas tierras y habitantes estaban bajo la jurisdicción de la iglesia.
“Señoríos solariegos” eran territorios ligados a un noble o señor feudal.
Se entendería por “abadengo” un territorio bajo jurisdicción eclesiástica al frente del cual habría un abad. Pues bien, suele admitirse, siguiendo la “Reseña histórico-artística de la provincia de Salamanca” del padre César Morán, que “Lumbrales y su territorio se llaman el Abadengo por haber pertenecido a los Templarios, que tenían aquí un abad, a quien apodaban el abadón. Al desaparecer esa orden, 1.312, pasó el Abadengo al obispado de Ciudad Rodrigo”. De la misma opinión es D. Eugenio García Zarza, catedrático de la Universidad de Salamanca, quien, en un estudio sobre la comarca para el periódico El Adelanto.
El caso es que los pueblos del Abadengo nunca formaron parte de los sexmos mirobrigenses sino que se constituyeron en villas exentas con jurisdicción ordinaria propia dependientes del prelado civitatense. La Fregeneda se constituyó en villa de realengo en el s. XVI; villas de señorío secular fueron Cerralbo, Hinojosa de Duero, San Felices de los Gallegos (con sus anejos de Ahigal y Barba de Puerco, hoy Puerto Seguro) y Sobradillo. Bermellar, Lumbrales y La Redonda siguieron siendo señorío episcopal hasta la supresión de los señoríos. El resto de los municipios (Bañobárez, Fuenteliante y Olmedo de Camaces) pertenecían al Campo de Camaces, uno de los sexmos de Ciudad Rodrigo, y no formaban parte del Abadengo.
El poblamiento, según los datos de que se dispone, data de miles de años, como lo atestiguan los dólmenes que se han encontrado, pero será en la Segunda Edad del Hierro, en torno al año 500 a.C., cuando conocerá una gran expansión, como se puede comprobar por los castros, los verracos, las necrópolis, las construcciones, las estelas y todo tipo de materiales y utillaje. Los pobladores de entonces fueron los vetones.
Con la invasión musulmana se produce un vacío, que terminará con la Reconquista medieval, repoblándose la zona definitivamente y dando comienzo a las diferentes construcciones románicas, góticas o barrocas que hoy podemos disfrutar.
Lumbrales ya aparece como centro de la comarca en el siglo XVII y en el XVIII este territorio se registra, con el nombre de Abadengo, en el Catastro de Ensenada. También se sabe que hasta 1.812 (abolición del régimen señorial), el obispo de Ciudad Rodrigo, el Duque de Alba, el marqués de Cerralbo y otros, tenían la jurisdicción sobre las villas del Abadengo. El obispo era quien nombraba el alcaide de la cárcel de Lumbrales.
En los tiempos actuales la comarca del Abadendo es, ante todo, una entidad geográfica y administrativa que se corresponde con la “Mancomunidad de Abadengo” (mapa 1), con una extensión aproximada de 552 km 2 , que no coincide con la región antigua llamada Abadengo, pero que ha venido a tomar nombre de ésta.
Pertenece al partido judicial de Vitigudino y al obispado de Ciudad Rodrigo.
Está delimitado por los ríos Yeltes-Huebra por el Norte, Duero por el Oeste, Huebra por el Este y Águeda por el Sur y Oeste. Otros ríos y arroyos que avenan la comarca son: Camaces, Froya, Campilduero, Morgaez y Cantarranas. Todos ellos se encajan profundamente en el terreno para llegar a los 130 metros de altitud que tiene el muelle de Vega Terrón, donde confluyen el Águeda y el Duero.
El territorio tiene dos grandes grupos orográficos diferenciados. La mitad sur con un paisaje ondulado que va decreciendo según nos acercamos al Águeda (Bañobárez 743 m. y Sobradillo 641 m.) y con algunas elevaciones: La Berzosa 826 m., Picón Bogajo 794 m. y el Cerro de San Jorge 826 m. Y la mitad norte mucho más accidentada por el encajamiento del Duero, que obliga a sus afluentes Huebra y Camaces a encajarse profundamente en el terreno formando cachoneras o saltos. Además del Puerto de la Molinera está el Moncalvo, la Cabecina y la Peña de la Vela. Hay que destacar la belleza del paisaje, que nos sorprende con escarpadas laderas y profundos cañones, causados por la acción milenaria de los ríos.
Así mismo, hay que resaltar sus bosques interminables de robles, quejigos, endrinos y encinares, que junto con los olivares y almendrales y la pureza cristalina de sus aguas salvajes, convierten al Abadengo en una reserva vegetal y animal donde es muy fácil encontrar, por su abundancia, zorros, jabalíes, castores, nutrias, conejos, perdices, alimoches, ginetas, galápagos, águilas, buitres leonados, garduñas o gatos monteses.
La climatología en esta comarca es más suave que en el “Campo de Salamanca”, debido principalmente a su menor altitud (alrededor de 600 m. frente a los 800 m. de la provincia) y a su proximidad al Atlántico.
Los inviernos son cálidos, con una media en torno a 6ºC el mes más frío (enero) y sus veranos son calurosos, con medias alrededor de 28ºC los meses de julio y agosto.
La pluviosidad es más abundante que la media provincial, con unos 700 mm. anuales de precipitaciones en forma de lluvia. Las heladas son desconocidas en gran parte del territorio, lo que propicia cultivos semi-tropicales como naranjos, limones, etc.
Los suelos son pobres, con una cubierta vegetal escasa sobre basamentos de granito y de pizarras que afloran por todas partes. Así se explica que el 40'5% de su territorio se dedique a pastizales, el 17'6% sean bosques, el 14'2% se dedique a caminos, construcciones, etc., y sólo el 24'7% sea tierra cultivable. Otro dato significativo es que la superficie que se dedica a cultivos de regadíos únicamente es de 42 Has.
El paisaje que resulta es muy variado, imponiéndose los pastizales y el monte, lo que le da su aspecto agreste, destacando las desconocidas y bellas “Arribes del Águeda”.
En cuanto al régimen de propiedad de la tierra se dan los dos extremos; los pequeños y los grandes propietarios, echándose en falta los medianos, que hubieran hecho frente a la crisis del sector primario que sufre la provincia con mayor éxito.
Un sector en el que destaca claramente esta zona es en el ganadero, contando con una importante cabaña de ganado vacuno y porcino (Sur y Este) y lanar (Norte). La leche de oveja proporciona la materia prima para un extraordinario y sabroso queso artesanal de fama reconocida, no sólo en Salamanca, sino en toda España.
Demográficamente esta zona ha conocido una de las mayores catástrofes de la provincia. Desde mediados de siglo ha ido perdiendo población, debido a unas fortísimas migraciones de tipo económico, que han reducido a la mitad el número de sus habitantes. Si en 1.950 el Abadengo contaba con 11.874 habitantes, en 1.991 sólo le quedaban 5.251 y continúa descendiendo. Además hay que pensar que aproximadamente el 30% de la población tiene más de 65 años, lo que nos lleva a entender el porqué del crecimiento natural negativo de esta zona.
Este aspecto es gravísimo, porque contamos en el Abadengo con una densidad media de población por debajo de 10 hbs/km2 , límite que se considera internacionalmente para señalar a una zona como despoblada.
Las actividades industriales y turísticas son escasas, reduciéndose a unas pequeñas industrias agroalimentarias (elaboración de queso de oveja), bares, restaurantes, comercios y talleres que cubren las necesidades de la zona.
Llama poderosamente la atención que un territorio con potencialidades tan marcadas para atraer turismo (ocio, deportes náuticos, ecología, caza, arte, etc.), que posee el único muelle fluvial de Castilla y León, desde donde se puede navegar por el río Duero hasta el océano Atlántico, que conserva sus bosques y sus ríos incontaminados, con una fauna y una flora desconocidas ya en Europa, sea prácticamente desconocido a comienzos del año 2.000. |