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El nombre de Ahigal procede de “La Figal”, es decir, “lugar donde abundan los higos”; con el añadido “de los Aceiteros" se distingue de otros pueblos que llevan el mismo nombre. Hay vestigios de villas romanas en la localidad que prueban la existencia de un poblamiento tardo romano del s. V d.C. Sobre la fundación exacta del pueblo actual nada se sabe con certeza salvo una leyenda conservada por los vecinos que atribuye a un colmenero el honroso privilegio de ser el primero en establecerse aquí. D. Juan López Simón, que ha indagado la historia de Ahigal, piensa que el pueblo debió de surgir como una pedanía o núcleo de repoblamiento unido a San Felices de los Gallegos y cuyo origen se remontaría a los siglos XIII ó XIV . En los libros parroquiales consta que en el siglo XVI ya era una parroquia independiente con unos 300 vecinos. Se tienen noticias escritas de la existencia de la “iglesia de la Magdalena del Lahigal” desde 1608. A este siglo, el XVII, se debe la construcción de la actual iglesia parroquial y de él son numerosas las referencias escritas y documentadas sobre el pueblo. En el cómputo económico que mandó realizar el rey ilustrado Carlos III en 1.770 del territorio español, aparece El Ahigal con sus vecinos (138), tierras, ganados y propiedades diversas, y siempre como un señorío del Duque de Alba. Ahigal, como anejo de San Felices, había sido señorío real desde la reconquista hasta 1.476, año en que los Reyes Católicos lo entregan a don García Álvarez de Toledo, Duque de Alba, en agradecimiento por su apoyo en las luchas contra don Alfonso de Portugal y doña Juana “La Beltraneja”. Desde ese momento le tendrán que pagar un impuesto llamado “el noveno”, que da nombre a una importante fiesta de San Felices. Se tiene noticia de la participación de la localidad en la Guerra de la Independencia, en la que murieron varios vecinos durante la batalla de San Felices (mayo de 1.808). Un año más tarde, fue tomado por los franceses y los vecinos, en su mayoría, escaparon al campo. Abolido el señorío jurisdiccional de la Casa de Alba sobre el pueblo en 1.812, el impuesto del noveno no será eliminado hasta el 11 de mayo de 1.852 (después de varios pleitos contra el Duque). Finalmente, una parte del término de Ahigal comprada por un grupo de vecinos al Conde de Monterrón en 1.918 por 100.000 pesetas. Tanto el clima como la fauna, la flora y los suelos son similares a los del resto de la comarca. Y al igual que ella, Ahigal ha experimentado la despoblación (poco más de 500 habitantes en el s. XVIII, 800 en 1909 y 231 en la actualidad), fenómeno ligado al desarrollo de la vida urbana y a la disminución del índice de natalidad, que han afectado de manera especial a Castilla. Ahigal es un pueblo fundamentalmente ganadero. Hasta hace poco existía una prensa (o almazara) para hacer aceite, ya que los cultivos de este pueblo son mayoritariamente olivos. La recogida de la aceituna se efectúa desde mediados de diciembre hasta primeros de enero y en febrero se comienza a elaborar el aceite, tarea que suele finalizar a mediados de marzo. Su cabaña ganadera es principalmente de ganado ovino y algo de porcino. En agricultura ya se ha mencionado el olivo, cuyo cultivo abarca la mayor parte del terreno; en importancia le sigue el almendro. Destacan los cultivos de huerta para consumo doméstico. Queda ya poca siembra de cereales (cebada y trigo).
La localidad cuenta con la iglesia parroquial , consagrada a Santa María Magdalena; es barroca, construida entre 1.650 y 1.700 (siglo XVII ). Es de piedra de cantería, con sillares perfectamente labrados que tuvieron que traer de fuera de su término, porque en el pueblo nunca ha habido canteras. Las bóvedas son de 1.777 y en ellas se gastaron 30.000 ladrillos. El retablo, de 1.720, fue construido por Cervera, un discípulo de Churriguera. El coro también es de principios del siglo XVIII . Destaca la talla de la titular, Santa María Magdalena, datada en 1.752. En el templo existen otras tallas: Santa Bárbara (1752), Virgen del Rosario (1757), San Sebastián (1760) y San Antonio de Padua (tal vez s. XVII). Además de la iglesia parroquial existe una ermita, la del Humilladero, del s. XVIII, en la que se venera la talla vestida de Jesús Nazareno (“El Cordero”). Existe también una ermita de San Sebastián.
Existen en el término municipal de Ahigal dos yacimientos romanos de la época alto imperial, con abundantes fragmentos de tégulas y baldosas, así como restos de cerámica vulgar, que se supone son de grandes vasijas. Destacan un edificio del s. XVIII, la panera, y las numerosas cruces que hay por el término municipal, de las que merece especial mención el calvario de la ermita del Sto. Cristo.
De las fiestas de Ahigal, conviene señalar la de la «Ofrenda» , la más importante, que se celebra el 15 de agosto en honor a la Santísima Virgen, y el domingo siguiente a Jesús Nazareno. Hay procesiones, novena y fiesta durante varios días. Por San Sebastián (20 de enero) tienen lugar procesiones, bailes, concursos de poesía y los mozos corren las cintas (antes era el día de correr los gallos). Las danzas típicas de Ahigal las hacían 8 mozos vestidos de charros, con complicados choques de palillos de espino y toques de castañuelas entre bailes rítmicos. En junio acaecen las fiestas de San Juan y San Juanito . Fueron famosos sus encierros y corridas de novillos, celebrados antiguamente en una plaza formada por carros. También había corrida el día de San Juanito (25 de junio). En la víspera de San Juan se encienden las ancestrales hogueras con los tomillos del Cristo. En la tarde del día de San Juan (24 de junio) se baila el típico baile de la rosca (en otros tiempos también se bailaba en las bodas). La fiesta del Noveno conmemora la victoria obtenida sobre el Duque de Alba y que representó dejar de pagar el impuesto del Noveno en 1.852. Se celebra los días 11 y 12 de mayo en San Felices. Hace algunos años había tres días de toros y el pueblo de Ahigal ponía los toros del segundo día. Hoy se sigue celebrando en San Felices y es ese Ayuntamiento quien compra los toros. Los vecinos del pueblo de Ahigal van de invitados. La gastronomía tradicional ofrece los derivados de la matanza del cerdo con una elaboración casera y los dulces (perronillas, mantecados, bollas de anís, “repelaos” de almendra, floretas, etc.). Otros platos típicos son: el cocido de garbanzos, la empanada y el hornazo del domingo de Pascua, hecho con tajadas de jamón, lomo y chorizo. En los postres podemos encontrar torrijas y un exquisito requesón casero. Al viajero que quiera recorrer estos pagos, se le ofrecen varias rutas de interés:
“El Carrasco de la Zorra”. Se va desde la plaza del Ayuntamiento, por el camino de las viñas, hasta el alto de San Esteban. Sólo se puede ir andando.
“El Caño la Petiyegua”. Según se dirigen por la carretera hacia el pueblo, al llegar al alto de los “Veraniles” hay que desviarse por un camino que sale a la izquierda. Se puede ir andando o en coche.
La ruta de la casa de don Manolo o el camino del río. Andando se va por “Valdeperrero”, se atraviesa el “Vasito” y después de un trayecto largo (3 km.) se llega al río Águeda. En coche se puede ir por la “Era”, luego la casa de don Manolo y desde allí hay que ir andando hasta el río.
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