La presencia humana en la villa de Cerralbo data de tiempos prehistóricos, concretamente desde el Calcolítico (asentamiento del Picón del Rey) y el Neolítico (Alto del Espía), donde se han descubierto interesantísimos yacimientos arqueológicos (flechas, hachas y restos de útiles de cerámica), que aún continúan en estudio. También se han encontrado monedas (denarios) y estelas funerarias romanas, así como inscripciones visigóticas.
En la Reconquista perteneció a los templarios (Orden del Temple) y después de su disolución a principios del siglo XIV, pasó a ser un señorío secular, aunque en lo religioso dependía de la Diócesis de Ciudad Rodrigo.
En el siglo XV los Trastámara conceden a Cerralbo el título de villa y ya aparecen estas tierras como un señorío jurisdiccional de la familia Pacheco. Carlos I nombra a Rodrigo Pacheco Osorio marqués de Cerralbo, en el año 1.553, para agradecerle los servicios prestados.
En el siglo XVIII va a conocer su etapa más gloriosa al unirse diferentes marquesados (Almarza, Flores Dávila, etc.), bajo el dominio de la casa de Cerralbo. Es en este momento cuando la décima marquesa de Cerralbo, María Manuela de Moctezuma, solicitó ser Grande de España; como al morir no dejó descendencia, se apropia del término de Cerralbo la familia de los Aguilera.
Con la eliminación de los señoríos y las desamortizaciones en el siglo XIX, los vecinos comienzan una serie de juicios sucesivos por la posesión del término y la anulación de las rentas a que estaban obligados jurídicamente con el marqués. Como pierden todos los pleitos, tienen que pagar, y entonces se embarcan en la compra de las tierras que venían trabajando (pobres en extremo y poco productivas), fijándose en 1.920 el precio en cinco millones de reales (una cantidad desorbitada que empobreció al pueblo), pagada por los vecinos estuvieron hasta 1.950.
El Mapa Agronómico Nacional, en su estudio de la provincia de Salamanca, sitúa a Cerralbo en la Región Natural 4ª (Ciudad Rodrigo-Vitigudino), y analiza sus suelos en la serie denominada “grandes”, describiéndolos como suelos de relieve normal, más o menos ondulado, con escorrentía media y buen drenaje interno. En las superficies más llanas y con inviernos húmedos suele encharcarse. Son terrenos de poca erosión y de tipo asentado sobre neis granítico.
Por el núcleo urbano no discurre ningún arroyo al que verter las aguas sucias, siendo el cauce más próximo el del río Huebra. El abastecimiento de agua se realiza por sondeo.
La situación de Cerralbo, hace que lo caracterice un clima continental de meseta, pero con tendencia al húmedo propio de la cuenca del Duero fronteriza con Portugal. La altitud es de 682 metros. Sus coordenadas geográficas con longitud norte 4.538'800 y latitud oeste 703'000.
El número de habitantes es de 267 personas, con un índice de analfabetismo en torno al 4%. Su pirámide de población muestra un pueblo envejecido que conserva una gran población en torno a los 60-80 años, lo que reafirma el hecho migratorio que se produjo en este pueblo desde mediados del siglo XX.
Las viviendas en Cerralbo son parecidas a las de todo el Abadengo. Las del casco tradicional son edificios de una o dos plantas fundamentalmente adosados, con alguna dependencia aneja agrícola y ganadera; las fachadas se encuentran enfoscadas o manifestando su mampostería de granito; sus cubiertas de teja árabe confieren uniformidad al pueblo. En cambio, las del ensanche urbano son edificios de nueva construcción con fachadas en su mayoría enfoscadas, de buen estado de conservación; se distinguen las edificaciones de los distintos ensanches al ser aisladas en el de servicios , combinándose con adosadas en el ensanche por consolidación.
Sus actividades socioeconómicas son la agricultura y la ganadería. La superficie del término municipal es de algo más de cinco mil has, decicadas a pastos y, en menor medida a cultivos (tr igo y otros cereales, leguminosas, viñedo y cultivos hortícolas) como la patata. En cuanto a la cabaña ganadera, destacan el vacuno con más de mil cabezas, el ovino con cerca de medio millar, porcino, caprino y aves.
De gran interés artístico es la Iglesia Parroquial de Nª Sª de la Asunción, construida con sillares de granito; en el exterior tiene una espadaña con dos campanas y un arco de medio punto con dos arquivoltas en la puerta de entrada principal. La capilla mayor cuenta con un interesante retablo.
Además del templo parroquial, en las proximidades de la Villa se encuentra el Monasterio de Nª Sª de los Ángeles. Es del siglo XVI, parte construido con sillares y parte con sillarejo. En la fachada se encuentra en piedra el escudo de los marqueses de Cerralbo. Este convento perteneció a los franciscanos descalzos, que tuvieron que abandonarlo con motivo de las desamortizaciones del siglo XIX . En la actualidad es un establo que sirve para guardar vacas. En las cercanías del monasterio hay numerosos cruceros, llamados humilladeros también, que pueden ser vistos por otros lugares de la población.
La Villa está presidida por las ruinas del imponente castillo que fue construido probablemente en el siglo XV. De él quedan en la actualidad restos de las torres y de las murallas, suficiente para imaginarse la grandeza de la edificación en otros tiempos.
Existen algunos hallazgos arqueológicos de gran interés. Mención especial merece el asentamiento calcolítico de Picón del Rey, descubierto por D. Eduardo Martín; está situado en una ladera granítica del río Huebra. La ocupación de esta zona por el hombre se ha comprobado que existió hasta la etapa campaniforme. Se han encontrado tumbas. Otro lugar es el asentamiento del Alto del Espía, de características y tipología neolítica y de la Edad del Bronce. Gran cantidad de los restos encontrados se pueden visitar en el Museo Arqueológico de Lumbrales.
De gran interés paisajístico con los parajes de “Los Berrocales” y “El Castillo”. Son de gran interés para el caminante la ruta de la Fuente de la Pinga , y la ruta del Molino de las Cinco Piedras . Para el recorrido de estos caminos es mejor preguntar a cualquiera de los vecinos,
En cuanto a las fiestas de la villa, el 13 de junio se celebra San Antonio; por la mañana los miembros del Ayuntamiento ofrecen una misa al santo patrón del pueblo y después de la misa hay comida y baile. El 2 de agosto se honra a la patrona del pueblo, Nuestra Señora de los Ángeles. Es una fiesta esencialmente religiosa aunque hay verbena durante dos noches seguidas. Por la mañana hay misa y por la tarde rosario, en el que se hace una subasta de roscas ofrecidas por las madrinas y el dinero recogido va a la Iglesia. Por estas mismas fechas hay otras actividades que no tienen otro objetivo más que la diversión y el entretenimiento de la gente.
La gastronomía ofrece especialmente dos platos típicos como son el cordero asado y la rosca. El cordero asado lleva los siguientes ingredientes: cordero, ajo, cebolla, perejil, laurel, mantequilla, aceite, coñac y pimienta o nuez moscada. Para su elaboración, se extiende por encima del cordero un poco de mantequilla. Luego se trituran el ajo, la cebolla, el perejil y la nuez y se extiende como la mantequilla; luego se coloca el cordero en un recipiente de barro y se le añade media copa de aceite de oliva y una de coñac, se mete al horno y se tiene alrededor de una hora.
La rosca se elabora con huevos, harina, levadura, azúcar, aceite, anís, nata y confites. En primer lugar, se bate la clara de los huevos a punto de nieve; después se bate la yema y se echa en un recipiente junto a la clara; a continuación se añaden la levadura, el azúcar y el aceite necesario. Después se echa abundante harina y el anís justo para un sabor adecuado; seguidamente toda la masa se echa en el molde y se mete en el horno durante algo más de 30 minutos. Una vez fuera del horno se añaden la nata y los confites.