Como sucede con otros pueblos del entorno, desde el s. V d.C., fecha de los últimos hallazgos del castro, se pierde la memoria de los pobladores de Lumbrales hasta la Edad Media. Probablemente la villa de Lumbrales deba su origen a los repobladores medievales que se situaron en torno al teso del Torrejón, donde se ubica el actual templo parroquial.
En el s. XII, durante el reinando Fernando II de León (1157-1188) el Papa Alejandro III concede una bula al obispo de Ciudad Rodrigo para una iglesia llamada Santa María de Liminares (1185). En el siglo XIII, reinando Fernando III el Emplazado, aparece como territorios de la jurisdicción del Abadón, como se llamaba al Abad de los Templarios por sus riquezas y poderío. Desaparecida la orden de los Templarios, en el s. XIV Lumbrales pasó a depender jurisdiccionalmente del obispado de Ciudad Rodrigo, cuyo obispo nombraba los cargos concejales e incluso el alcaide de su cárcel. Esta situación de dependencia jurisdiccional de la Iglesia, como señorío eclesiástico, se mantuvo hasta la desaparición de los señoríos en 1.812.
Lumbrales tendrá categoría de centro comarcal antes que Vitigudino y en el siglo XVIII ya aparece reflejada como la capital del Abadengo. En la guerra de la Independencia sus vecinos tuvieron un papel destacado, dándose cerca de Lumbrales una batalla para detener el avance francés.
La villa de Lumbrales, capital del Abadengo, se encuentra situada al Noroeste de la provincia de Salamanca, a 95 km. de la capital y a 25 de la frontera portuguesa. Su término municipal está asentado sobre la penillanura granítica, con una extensión de 70'05 km2 y una altitud media de 673 metros. Los relieves suaves y nivelados (entre 600 y 700 metros), están ocupados por las tierras de cultivo y por los pastos y pastizales, conservándose en algunos puntos matas de encinas y robles adehesados. En la dehesa boyal y en los herbajes de las navas, navinas y prados, pacen los rebaños de ovejas y las vacadas de morucho.
En los valles se pueden aún ver los bancales que el trabajo secular del hombre construyó en un intento de aprovechar unas condiciones térmicas más benignas, dada la menor altitud y el resguardo frente a los vientos del Norte. En las laderas se han plantado tradicionalmente vides y olivos y se han cultivado pequeños huertos.
Lumbrales participa del clima de la zona, con inviernos suaves (en torno a 6º C de media) y veranos calurosos (en torno a 27ºC de media). De igual manera la fauna y la flora es la propia de toda la comarca del Abadengo. La situación geográfica de Lumbrales con los otros once pueblos de la comarca situados alrededor ha facilitado su conversión en capital de la comarca y en un importante centro de comunicaciones y servicios.
ECONOMÍA Y POBLACIÓN
En cuanto a los edificios de interés artístico, en la villa de Lumbrales destaca la imponente iglesia parroquial del s. XVI (1.581), buena muestra de arquitectura clasicista-herreriana. Su arquitecto fue Rodrigo de la Gándara. El coro y el pórtico son de la 2ª mitad del siglo XVIII. Toda ella es de piedra de cantería (granito). Tiene tres naves y el crucero está en línea con las naves; la amplia capilla rectangular es de bóveda vaída, con artesones cuadrados, adentrándose para formar la capilla del altar mayor con bóveda también de piedra artesonada, y a buena altura el presbiterio, debajo del cual está la sacristía cubierta por bóveda de cañón apainalado sobre arcos perpianos. La gran bóveda central del crucera es vaída, lisa y de lunetos las otras laterales. El retablo del testero (copiado del Escorial) es barroco del s. XVII y se le atribuye a Alonso de Balbás. En el centro está la imagen de la Patrona, Nuestra Señora de la Asunción y, más arriba, un relieve de la Coronación de la Virgen. La iglesia es también conocida como Nuestra Señora del Castillo, quizá porque estuvo allí el castillo y la primitiva iglesia románica.
Como muestra de arquitectura religiosa está también la Ermita del Humilladero o del Manso Cordero, de gran devoción en la localidad, que alberga los principales de la Semana Santa local; de ella cabe destacar por su valor artístico el Sagrario. Las fachadas de otras dos ermitas, la de San Sebastián y de La Magdalena pueden verse en sendas casas ubicadas en las plazas de igual nombre respectivo.
Las muestras más destacadas de la arquitectura civil son la Casa de los Condes y la Torre del Reloj. La Casa de los Condes es un edificio modernista de influencia portuguesa cuya construcción comenzó en 1875; el techo, de escayola, y los trabajos de cantería fueron realizados por obreros portugueses; luce bellas rejas y un espléndido escudo en la parte posterior. Fue residencia del cónsul del Portugal en La Fregeneda, don Ricardo Pinto Da Costa, promotor de la puesta en marcha de la vía férrea Boadilla-Barca de Alba. En reconocimiento a esta labor Alfonso XII le concede en 1.888 el título de Conde de Lumbrales. Hoy es Casa de Cultura.

La Torre del Reloj, del s. XVIII, es hoy sede del Museo Arqueológico; en sus orígenes pudo ser punto de vigilancia para observar a distancia la llegada de posibles invasores. El piso inferior sirvió de cárcel con dos oscuros calabozos de robustas puertas. En la puerta de acceso figura la fecha de 1.741.
De los vestigios arqueológicos hay que mencionar el dolmen de La Navalito, del que sólo se conservan tres lanchas de piedra, y los desaparecidos del Prado Polo y el de Lumbo de Valdesancho. Además hay tres verracos, el Burro de la Barrera (tal vez hallado en el mismo núcleo de población, colocado en la plaza de la iglesia), el de Las Merchanas (situado en la carretera de La Fregeneda juno a un olmo centenario, traído del castro de Las Merchanas) y el Cebón de Fuenlabrada, que se halla en una finca particular.
De especial interés es el castro de Las Merchanas, que ha sido restaurado en parte y acondicionado con gran acierto. Se trata de un poblado o fortaleza vetona de la Segunda Edad del Hierro (500-133 a.C.). Está situado en un lugar estratégico y de fácil defensa a orillas del río Camaces. Cuenta con murallas, fosos, piedras hincadas y necrópolis. Se ha encontrado una necrópolis en las afueras del poblado con urnas de cerámica, acompañadas de ajuar, donde se guardaban las cenizas del muerto. Algunos de los útiles encontrados son: armas y herramientas de labor fabricadas en hierro (mención especial merece el “ajuar del carpintero”, hallado en la tumba nº 17) y algunos objetos de adorno como las fíbulas.
La presencia romana está atestiguada por hallazgos en el susodicho castro, donde hubo una guarnición romana, y por los restos de villas romanas del Bajo Imperio ubicadas en el término, en parajes como El Madroñal y La Fuente Blanca, donde han sido hallados materiales de esa época: ruedas circulares de molino, fustes de columna, pesas de telar, monedas, tégulas selladas en los engalces, etc.
El Museo Arqueológico de Lumbrales es el resultado del trabajo y empeño de Ignacio Pérez y Eduardo Martín. Gran parte de las obras proceden de la labor realizada por este último al ir recogiendo por la comarca diferentes materiales y útiles (fíbulas, puntas de flecha, cuchillos de sílex, hachas pulimentadas, artículos de bronce, estelas, monedas, etc.), de los que tiene inventariados unos 4.000. Abarca desde el Paleolítico hasta la época visigoda.
El interés paisajístico de Lumbrales ofrece el contraste del paisaje ondulado, dominado por las líneas horizontales y roto por el encajamiento de la red fluvial. La ribera del Froya, el río Camaces y sus afluentes (Regato de los Huertos, Arroyo de los Valles y Regato del Molino) inciden en la penillanura hasta los 580 metros, para abrirse paso hacia los ríos Duero y Huebra, respectivamente. Labriegos y ganaderos han sabido conservar durante años sus cercas, fuentes, caños, albercas y caminos de herradura, para que los viajeros y curiosos puedan disfrutar de este paisaje ecocultural.
En las fiestas de Lumbrales, heredadas del pasado y conservadas intactas a través del tiempo, se mezclan los elementos sagrados y profanos. La Semana Santa de la villa ofrece una sentida celebración del Descendimiento y el Santo Entierro, unas sobrias procesiones y el canto, a voces de varones, del Miserere en latín durante el Viernes Santo.
La patrona de la villa, Nuestra Señora de la Asunción, es festejada el 15 de agosto. Poco después comienzan los festejos taurinos, los más significativos y concurridos de la comarca. El viernes siguiente a la fiesta de la Virgen comienzan, pues, los Toros con una cabalgata y merienda en el Prado del Toro; allí pacen los astados que el sábado serán conducidos hasta el pueblo, al que acceden por la calle de La Fandanga, para ser corridos y lidiados.
De gran raigambre entre los vecinos es la celebración de los Carnavales. En la semana que precede a los Carnavales, los barrios tienen un protagonismo especial, pues desde el lunes anterior, y por turno, los mozos recorren su barrio ataviados con la “sayala” a ritmo de gaita y tamboril. El orden establecido empieza el lunes por el barrio de los casados, siguen los barrios de la calle Ancha, El Alamito, La Fuente, La Plaza y termina el sábado con el barrio de La Fontanilla, para dar paso a los carnavales. Es una pena que estas fiestas de los barrios estén perdidas.
La Romería de San Gregorio tiene lugar el 9 de mayo para bendecir las viñas en los aledaños donde se encuentra la ermita. El día de la Santa Cruz, 3 de mayo, se bendicen los campos. También en mayo, el 15, se honra a San Isidro con una importante feria multisectorial y transfronteriza. Es destacable la Cabalgata de Reyes de la localidad.
La gastronomía local tiene sus puntos en común con la del resto de la comarca y sus peculiaridades. Se fabrica un exquisito queso puro de oveja, fabricado tradicionalmente y de un modo artesanal. El embutido y la carne son de gran calidad y se ofrecen en las varias carnicerías y fábricas de embutido. Platos típicos son las patatas revolconas y las patatas del molino (guisadas con morcilla, chorizo y tocino), “la marrana” (carne de cerdo cocida y aliñada con pimentón). Los dulces son los propios de la zona (perronillas, mantecados, “repelaos”, flores, mantecadas, obleas, almendras garrapiñadas, etc.)
Al viajeros se le ofrecen varias e interesantes rutas que recorrer a pie e incluso en bicicleta. La primera de ellas, de 5 km., conduce por el camino de las Viñas hasta la ermita de San Gregorio y las riberas del Camaces. La segunda lleva hasta el castro de Las Merchanas y parte de la carretera de Bermellar; es fácil de seguir por estar muy bien señalizada tras las recientes actuaciones de restauración en el castro. Una tercera ruta, en dirección a la vieja estación de ferrocarril, nos lleva al dolmen de La Navalito y a la estación.
El recorrido puede completarse con la visita al museo arqueológico enclavado en la Torre del Reloj (Plaza Mayor), con piezas de la colección particular de don Eduardo Martín e Ignacio Sánchez, se completa con un paseo hacia el castro de la Edad de Hierro de Las Merchanas. El yacimiento se localiza en dos tesos defendidos por el río Camaces y por lienzos de muralla, accediéndose al recinto por dos puertas y dos portillos. De este castro proceden el verraco y los restos de cerámica y mármoles conservados en Lumbrales.