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PARQUE NATURAL ARRIBES DEL DUERO

El parque natural de los Arribes del Duero es un espacio protegido por sus valores paisajísticos y por la gran riqueza de fauna y flora.  Se sitúa en el cuadrante noroccidental de la provincia de Salamanca y el suroccidental de la de Zamora, siguiendo el cauce de los últimos cien kilómetros de este río antes de adentrarse en Portugal camino de la mar océana. Este espacio natural está protegido a ambos lados de los ríos Duero y Águeda, es decir, tanto en España (Castilla y León) como en Portugal (Tras os Montes y Beira Interior).
La superficie española protegida alcanza las 170000 has. y afecta 58 municipios de ambas provincias. En la comarca del Abadengo, están incluidos en su totalidad dentro del parque los términos municipales de Hinojosa de Duero, la Fregeneda, Sobradillo y Ahigal de los Aceiteros; parcialmente están los términos de Cerralbo, Bermellar, Lumbrales, La Redonda y San Felices de los Gallegos; no alcanza al resto de los términos municipales (Fuenteliante, Olmedo de Camaces y Bañobárez). Aunque no toda la comarca del Abadengo esté incluida en el parque, se entiende que las referencias geológicas, orográficas, climáticas o de fauna y flora son válidas ya que los terrenos no incluidos comparten los rasgos de la penillanura, si bien es verdad que la flora y la fauna (sobre todo aviar) es más rica cuanto más cerca está del arribe.
La protección de esta zona comenzó en 1990 cuando la Junta de Castilla y León declaró esta área como Z.E.P.A, zona especial de protección de aves, siguiendo directrices de la Unión Europea. Finalmente en 2002 fue declarado parque natural de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

montañaLa característica principal en cuanto al relieve consiste en que el parque se ubica en los bordes de la penillanura propia de la meseta castellana, horadada desde hace miles de años por el río Duero y sus afluentes. En el espacio que al Abadengo se refiere, son de notable belleza, además del cañón del Duero, están los profundos valles del Camaces, Huebra y Águeda con algunos de sus afluentes  como las riberas del Froya y de Morgáez o el Arroyo Lugar. Junto a la penillanura ondulada con montes (sierros, cabezos o lomos) se encuentran parajes escabrosos de peñascales más propios de los cauces fluviales y sus inmediaciones. El aprovechamiento del terreno llano es mayoritariamente como pastizal ya que los cultivos de cereal están en retroceso y casi siempre ligados a su uso ganadero.
El desnivel que se produce es a veces muy notable, ya que la altura media de la comarca supera los seiscientos metros en tanto que la cota más baja se halla en el Muelle de Vega Terrón (La Fregeneda) con 120 m. Un ejemplo del desnivel es el que experimenta el propio río Duero, que en los poco más de cien kilómetros de curso fronterizo soporta un desnivel de cerca de 600 metros. Estos valles encajonados dan lugar a agrestes gargantas y espectaculares caídas de agua, llamadas cachones, de los que el más conocido es el Cachón del Camaces (Hinojosa de Duero). Frente a estos encajonamientos o arribes de ríos, está la penillanura, que tiene unas cotas de altura de 600 a 800 m. y está formada sobre materiales cristalinos como granitos o gneis y sobre pizarras y cuarcitas, remontables en su mayoría a la era paleozoica. La riqueza geológica se ha traducido en explotaciones mineras de estaño ya abandonadas en Lumbrales y La Fregeneda; en esta última localidad aún se extrae lepidolita.
A las vicisitudes que las eras geológicas pretéritas han dejado en los abundantes barrocales graníticos o los plegamientos pizarrosos, visibles por toda la comarca, hay que sumar la huella que la explotación humana del suelo ha dejado en las zonas de arribe y laderas. Ahí el hombre desde tiempo inmemorial ha construido bancales con paredes para hacer aprovechable el terreno y, con el auxilio del clima mediterráneo de los valles, plantar almendros, olivos, naranjos, vid e incluso granados. Con su labor el hombre ha ayudado a disminuir el impacto de la erosión del terreno arribeño y ha contribuido a que, a medida que el cultivo se abandona y retorna la vegetación agreste, el monte bajo o masas arbóreas se encuentren un terreno propicio y no arrasado.

Junto a la espectacularidad del paisaje, que hace de la zona un lugar de grandes proyecciones turísticas, hay que destacar la gran riqueza de fauna y flora que estos lugares ofrecen y que han sido el factor decisivo de su declaración como parque natural. Esta riqueza en valores medioambientales se ve reforzada por la bonanza climática que se percibe sobre todo en los valles que han sido labrados en el borde de la penillanura. El clima se caracteriza por unos inviernos más suaves que en la Meseta y tanto más cuanto más al oeste o más profundos sean los valles, las heladas y las nieves son menos intensas y persistentes;  el régimen pluvial oscila entre los 500 y los 800 mm. constituyendo un clima de transición del húmedo al seco; las lluvias más abundantes corresponden al otoño, al invierno o a la primavera, a la que suelen seguir veranos muy secos con altas temperaturas.

Muchas peculiaridades podrían contarse de la comarca y del parque natural, pero sçi merece especial atención la riqueza en fauna y flora. La riqueza faunística se atestigua en más de 200 especies de aves, que convierten a la zona de Arribes en una de las zonas avícolas más importantes de Europa, en las 47 especies de mamíferos, en las 18 de reptiles (con 2 endemismos) y las 20 especies piscícolas (con 6 endemismos); las especies anfibias suman 15 especies (2 ó 4 endemismos) a pesar de no ser una zona especialmente favorable a ellos por la falta de lluvias.
Entre los anfibios se cuentan el gallipato (Pleurodeles walt), la salamandra, dos especies de tritón (el ibérico o Triturus boscai y el jaspeado o Triturus marmoratus). Hay varias especies de sapos: el corredor  (Bufo calamita), el común (Bufo bufo), el partero ibérico (Alytes cysternasii), el sapo de espuelas (Pelobates cultripes) y el sapillo pintojo (Discoglossus galgano). Las ranas están representadas en la rana común (Rana perezi).
De los reptiles, ha de señalarse la presencia abundante del lagarto ocelado (Lacerta lepida), bien visible en las carreteras en primavera, e incluso de una especie en peligro, el lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi). Se encuentran varias especies de lagartijas: la colilarga (Psammodomus algirus), la hispánica (Podarcis hispánica) y la colirroja (Acanthodactylus erythrurus). Abundantes son las salamanquesas (Tarentola mauritanica), el eslizón tridáctilo y también puede verse el galápago europeo (Emys orbicularis) en charcas o ríos. Las culebras también están presentes con varias especies: la culebra bastarda (Molpolon Monspessulanus), la viperina (Natrix maura), la de escalera (Elaphe scalaris), la culebrilla ciega (Blanus cinereus), la de collar (Natrix natrix) y la de herradura (Coluber hippocrepis).
Los mamíferos están bien representados. En los ríos de agua límpida puede verse la nutria (Lutra lutra). La presencia del lobo (Canis lupus) es esporádica al no haber una población fija y tampoco está suficientemente demostrada la presencia del lince (Lynx pardinus). Otra especie importante es el conejo de campo (Oryctolagus cuniculus), cuya población ha disminuido drásticamente por la mixomatosis y la neumonía vírica, afectando a los predadores que de él dependían como algunas aves de rapiña. Hay ginetas (Genetta genetta), garduñas (Martes foina), zorros (Vulpes vulpes), jabalíes (Sus scofra) y gatos monteses (Felix silvestris). Otras especies dignas de mención son la musaraña (Suncus etruscus), el topillo de Cabrera (Microtus cabrerae), la liebre (Lepus), el turón y varias especies de ratas y ratones. Mención especial hay que hacer de la presencia de al menos 15 especies de murciélagos, que han encontrado en las oquedades naturales o artificiales (como los túneles de la vía férrea) un hábitat excelente para ellos. Recientemente se está reintroduciendo el corzo (Capreolus capreolus).
Ahora bien, son las aves las que más variedad y riqueza en especies presentan y las que han hecho que estos pagos fueran declarados zona de protección de aves mucho antes que fuera declarada parque natural. Sin duda las peculiaridades del relieve con sus abruptos arribes o con las masas arbóreas han permitido el asentamiento de tantas aves. Destaca por su excepcionalidad la cigüeña negra (Ciconia nigra) que habita la zona del Duero; su hermana la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) puede verse tanto en las torres y espadañas de las iglesias como en árboles. De las muchas especies cabe citar las siguientes: el buitre leonado (Gyps fulvus) que cuenta con más de 700 parejas, las águilass real (Aquila chrysaetus) y perdicera (Hieratus fasciatus), las águilas calzada (Hieraetus pennatus) y culebrera (Circaetus gallicus), el halcón peregrino (Falco peregrinus), el aguilucho cenizo (Circus pigargus), el búho real (Bubo bubo) y el búho chico (Asio otus), el milano real (Milvus milvus,) las lechuzas común y campera, el alimoche (Neophron percnoterus), el vencejo real (Apus melba), el roquero solitario (Monticola solitarius), el avión roquero (Ptyonoprogne rupestris). A este listado pueden añadirse muchos nombres: el autillo (Otus scps), el ruiseñor (Lusicinia megarhynchos), el mirlo (Turdus merula), la alondra Dupont (Chersophilus duponti) y la alondra común (Alauda arvensis), el alcaraván (Burhinus oedicnemus), etc.
Dentro de las aves hay que prestar atención a aquellas que viven en los entornos fluviales como el martín pescador (Alcedo atthis), el cormorán grande (Palacrocorax carbo), la garza real (Ardea cinerea), el ánade real (Anas Platyrhinchos), la gaviota reidora, el mirlo acuático, la polla de agua, el ruiseñor bastardo, etc.
Las especies piscícolas son las que han experimentado un gran cambio en las últimas décadas ya que las presas hidráulicas y las esclusas en tierras lusas han interrumpido el paso a especies migratorias como la anguila (Anguilla anguilla) y el esturión (Acipenser sturio); en cambio los embalses han favorecido a otras especies como la carpa (Cyprinus carpio). Algunas especies no autóctonas han sido introducidas con gran perjuicio para la piscifauna autóctona, como el lucio (Esox lucius), el black-bass (Micropterus salmoides) o la perca sol (Lepomis gibbosus).  En los ríos pueden hallarse bogas (Chondrostoma duriense), barbos (Barbus bocagei) y sardas (Rutilis arcasii o Rutilis lemmingii según los ríos) principalmente. Las charcas, cada vez más frecuentes por las campañas oficiales, ofrecen tencas y también hay cangrejos en ríos de escaso caudal; en este caso se ha producido una catástrofe al ir desapareciendo el cangrejo autóctono en favor del americano, una especie introducida fatalmente.

Y si la fauna ha requerido atención, no menos la flora. La riqueza de la zona en especies vegetales es también notoria, debido sobre todo a que conviven dos niveles de relieve diferentes, que debido a las diferencias climáticas, de temperatura sobre todo, también presentan notables diferencias en cuanto a la vegetación.
Al visitante que acceda a la comarca por la carretera comarcal 517 viniendo de Salamanca, no le parece que haya un cambio sustancial de vegetación ni de relieve: se encuentra con un paisaje llano y ondulado con pequeñas vaguadas y charcas, es la penillanura; en ella los árboles más llamativos son la encina (Quercus rotundifolia) y el roble o rebollo (Quercus pyrenaica) acompañadas de la aulaga (Genista hystrix) como especie característica del monte bajo. Es el paisaje de la dehesa, de las parcelas más o menos extensas con una vegetación baja pobre y expuesta a los rigores del frío invernal; aquí el aprovechamiento es básicamente de pastizal para las reses vacunas o las ovejas.
El paisaje típico de la penillanura se prodiga entre los 800 y los 600 m. aproximadamente. Pero bajando de los 500 m. se entra en la zona de arribe, donde los ríos y los arroyos han ido labrando desde la era paleozoica valles que son más pronunciados y con mayor desnivel cuanto más bajo es su curso. El cambio del relieve y de vegetación se va produciendo de manera progresiva, a veces con cierta brusquedad dando lugar a profundos valles que aparecen casi de repente. En estas zonas de transición o en las zonas de arribe se encuentran las especies de la penillanura y algunas más que no dejan de llamar la atención por su mayor diversidad: arces(), fresnos (Fraxinus angustifolia), alcornoques () y los enebros o jumbrios (Juniperus oxycedrus); a estas especies acompañan a veces el madroño, el olmo (Ulmus minor)  y, en los márgenes de arroyos y ríos, el almez (), el chopo, el álamo blanco, el sauce, etc. A estas especies arbóreas acompañan las jaras (), las retamas, las escobas y las esparragueras con una gran variedad de otras especies vegetales de menor envergadura favorecidas por estar en una zona de mayor nivel de precipitaciones y con mayor bonanza térmica.
La diversidad en el relieve y la riqueza en fauna y flora hacen que esta comarca no solo sea atrayente para el turista o para quien guste de disfrutar de la naturaleza casi agreste sino también para el estudioso, sea biólogo, botánico o geólogo.

 
Realización: IES Tierras de Abadengo - Diseño y fotografía: Infotur