La reina de Aragón, doña Leonor, abuela de Fernando el Católico, creció en el castillo

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El nombre de la villa se remonta a don Félix, obispo de Oporto, que la fundó en 690 d.C. que la bautizó con el nombre de su santo, y a los primeros pobladores de la villa, que eran oriundos de Galicia. Destruida durante la invasión musulmana, por Alfonso VII “El Emperador” la reconquistó en el siglo XII . Adquiere la condición de villa en s. s.XIII y en 1.291 el rey Sancho de Castilla (1.284-95), le concede el privilegio de tener mercado todos los lunes, que se vinieron celebrando hasta el siglo XX .

El rey portugués Don Dinís la conquista en 1.296, la incorpora a su reino y levanta el castillo. En 1327 volvió a la corona de Castilla, como parte del señorío de d. Alfonso de Albuquerque, caballero de origen portugués vinculado a don Pedro I “El Cruel”, rey de Castilla y León (1.350-1.369). Hacia 1370 fue incorporada de nuevo a la corona portuguesa, aunque sólo por un año.

En el s. XV , creció en su castillo la condesa Dª Leonor, que fue reina de Aragón y abuela de Fernando el Católico. Durante la guerra de sucesión castellana, sucedida a la muerte de Enrique IV, entre Isabel I y su sobrina Juana la Beltraneja (1475.1479), los portugueses la ocupan por haberse decantado por el bando de la reina Isabel. Finalizada la contienda, volverá a la corona castellano-leonesa y los Reyes Católicos la entregaron al Duque de Alba, a quien los habitantes de la villa pagaron el impuesto del noveno, es decir, entregaban la novena parte de lo que producían; esta circunstancia se mantuvo hasta la abolición de los señoríos y hasta ganar los habitantes de la villa al duque en pleito legal en 1852.

Durante el reinado de Felipe II, los vecinos compran al rey las tierras realengas de su término (1.589) y empiezan a litigar para que les quiten el impuesto del Noveno. En el siglo XVII se establecen en San Felices los mayorazgos (tierras vinculadas a un apellido que sólo se poseen en usufructo, no pudiéndose vender), que se mantendrán hasta el siglo XIX .

Con motivo de la Guerra de Secesión portuguesa, también en el siglo XVII, San Felices fue un punto clave en las luchas que mantuvo el Duque de Alba en sus continuas entradas militares a Portugal, que de poco sirvieron porque los portugueses son independientes desde entonces.

En la Guerra de la Independencia española contra la invasión napoleónica, los vecinos de San Felices volverán a tener un papel destacado, defendiendo los pasos de Hinojosa y de Lumbrales (por desgracia con numerosos muertos). La batalla final la libró el pueblo en las afueras de San Felices, donde los franceses destruyeron el convento de San Juan, parte de la Ermita de Nuestra Señora de la Luz y numerosas paredes. Después de día y medio de combates tomaron San Felices y establecieron allí su campamento hasta su retirada 3 años después (1.812).

Por San Felices pasaba el camino de Santiago portugués.

San Felices, situado en la carretera que une Lumbrales y Ciudad Rodrigo, tiene una una altitud media de 667 m. y su término municipal es de 8.156 Has. Las características geomorfológicas son similares a las de la comarca del Abadengo, a saber, una faja norte de terrenos pizarrosos y otra al sur de graníticos. Hidrográficamente el término pertenece a la cuenca del Duero y en su mayor parte a la escorrentía del río Águeda. Climáticamente el término municipal de San Felices está afectado por la depresión del Duero cuyo clima es más moderado que en el contexto general de la meseta y puntualmente de la provincia de Salamanca. La vegetación autóctona de la zona cuenta con encinas, olivos, almendros, el lodón o almez, alisos, madroñera, marisilva, chumbera, tomillo, romero y orégano. De la fauna se pueden mencionar aves como el buitre, el águila, la cigüeña negra, el búho, el mochuelo, la oropéndola y el martín pescador; mamíferos como el zorro, el jabalí, la jineta, el tejón y la doncelleta. En el río existen barbos, bogas, nutrias y galápagos.

San Felices de los Gallegos se engloba dentro de un territorio cuya población viene descendiendo de forma permanente y constante desde el año 1.950 debido a la emigración, agravándose en los últimos años con la caída de la natalidad. El asentamiento humano de este municipio se concentra en un solo casco urbano, sin la existencia de diseminados en su término municipal ni hoy día ni en otras épocas, ya que su origen se debe fundamentalmente a un núcleo defensivo y militar donde estratégicamente primaba la concentración. La población actual de San Felices (1.998) es de 678 habitantes, distribuidos en 340 varones y 338 hembras.

En cuanto al modo de vida las principales actividades son la ganadería y la agricultura. Como anécdota se puede contar que por una Real Cédula de 1.379 sus habitantes estaban exentos de pagar impuestos, privilegio que fue ratificado por Enrique III de Trastámara.

Con mucho, San Felices es la villa de la comarca que más interés artístico e histórico tiene. En su escudo está la una Virgen con el Niño entre dos álamos blancos.

De gran valor artístico es la iglesia parroquial, de tres naves. La Portada de Poniente es románica de transición con influencia bizantina. La Portada Principal o de la Plaza pertenece a finales del s. XIV; de este mismo siglo es la nave central. Mención especial merecen el coro (s. XVI), la Torre de las Ánimas o de las Campanas (s. XVII) y dos capillas renacentistas. Exterior a la iglesia está el campanario, una torre con dos campanas, sustentada por un arco ojival (s. XII); probablemente se trate del campanario de la primitiva iglesia románica.

El castillo es de finales del siglo XIV y del siglo XV. Servía como palacio más que como fortaleza. Dentro de sus muros podían albergarse más de 1.000 personas, aunque hoy sólo queda la torre del Homenaje y parte del la antigua cerca medieval. La torre, de tres pisos, es de sillería labrada y está cubierta por una bóveda apuntada. Algunas de las ventanas están partidas en ajimeces (geminadas). Las torrecillas acaracoladas son de adorno, no de defensa, las gárgolas son sencillas y las escaleras están embutidas en el muro. En el subsuelo se encuentran, debajo de la bóveda del primer piso, una mazmorra y un aljibe para recoger las aguas.

La Villa de San Felices estuvo rodeada de una cerca exterior de sillarejo, no demasiado fuerte, que servía para delimitar el recinto a manera de muralla, de la que se conservan algunos paños. Se conservan la Puerta del Puerto, con un arco del s. XIV, que fue en tiempos la entrada principal, y la Puerta del Moro, con una urna con un busto encima del arco.

El Convento de la Pasión es del s. XVI. Hay que destacar la entrada, el mirador y el claustro. Sobre la portada renacentista aparece el escudo de los Cuadrados de Ciudad Rodrigo, que fueron sus fundadores. En su interior se conserva un Niño Jesús de marfil fechado en el siglo XVIII, conocido como “El Desposado” y es tradición que lleve velo y corona en la profesión de cada nueva hermana. En la actualidad están en él las monjas agustinas, que elaboran deliciosos dulces.

Se conservan varias ermitas. La de Nuestra Señora de la Luz o del Rosario (s. XVIII) es de cruz latina y de estilo neoclásico, en sillería de granito y rematada con una espadaña en el frontispicio. La ermita del Cordero o de la Vera Cruz (s. XVII) conserva una imagen de Jesús Nazareno de la misma época (tal vez de los talleres de Gregorio Hernández), muy venerada por los vecinos y habitantes de la comarca. La ermita y hospital de la Misericordia (s. XVII) tiene planta regular y su fachada es de sillería. Finalmente está la ermita de los Remedios.

Por el casco de la villa se pueden ver numerosas casas nobles, algunas del s. XV, que atestiguan la gloria pasada de San Felices; algunas de ellas conservan e l escudo de los Mayorazgos: un yelmo con plumas, una cruz, un águila y cinco flores de lis. La casa de los señores del Ron tiene un escudo con el llamativo lema: “Los Señores del Ron comen todos a este son” . La casa de don Francisco Sierra Silguero, en piedra de sillería, tiene un escudo en el que aparecen el águila de los mayorazgos y las flores de lis. La casa del corregidor presenta unos vistosos arcos de sillería y muros de mampostería combinados con pizarra y con granito y enfoscados con mortero. Del Hospital de Roque Amador se conserva un arco del siglo XV. La Casa de Cultura o Alhóndiga era el antiguo almacén de los duques de Alba; está construido con muros de sillería de granito, tiene planta principal y un gran porche asentado en cuatro pilastras de granito. Casa Consistorial o Ayuntamiento está porticada en la planta baja y es de arquitectura popular. Junto a estas pueden verse algunas casas de estilo portugués del siglo XIX; se distinguen por ser edificios de dos plantas, generalmente altas, con balcones en la planta alta y ventanas en la planta baja; sus muros están enfoscados con mortero de cal.

De interés arqueológico son el Castro de Castelmao, Castro del Lambo del Castillo, un verraco ibérico (situado al final de la calle de las Eras del Cordero), una necrópolis romano-visigoda y el asentamiento romano con mosaicos llamado de “Las Pizarras”. Destacan también algunos puentes como el románico de Rodavila, el romano de Santana y el vistoso puente sobre el río Águeda.

Los entornos también ofrecen gran valor paisajístico. San Felices se halla junto a los arribes del Águeda; Estos derrocaderos se encuentran vírgenes, como hace miles de años, al no haber incidido el hombre en una naturaleza todavía intacta. Se recomienda especialmente visitar: el puente del río Águeda la Mesa del Conde, la presa del Águeda (canal que abastece de agua a la Central Hidroeléctrica del Puente del río Águeda), el Lombo del Castillo y Rodavila.

Las principales fiestas religiosas son el Corpus y la fiesta de la Santa Cruz (primer fin de semana de mayo), en la que se venera la imagen de Jesús Nazareno “El Cordero” con gran afluencia de peregrinos de los entornos. Existen cofradías que se remontan al s. XV.

De carácter más profano es la fiesta del Noveno (segunda semana de mayo), que se celebra con m isa solemne, Te Deum y lectura de la sentencia por la que los vecinos se libran del pago del ancestral impuesto del noveno al duque de Alba. Son de interés turístico los festejos taurinos que acompañan esta fiesta. Hay encierros tradicionales, plaza cerrada con carros y desencierros.

        

La gastronomía presenta los dulces propios de la zona (repelaos obleas, obleas, perronillas, mantecados) y el riquísimo piñonate, dulce típico de los convites de las Cofradías de Jesús Nazareno y el Santísimo Sacramento; se elabora con almendra, azúcar, agua y esencia .

 

   Cómo llegar...

 
Realización: IES Tierras de Abadengo - Diseño y fotografía: Infotur