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Los Vettones


EL MUNDO DE LOS VETONES

LOCALIZACIÓN ESPACIO-TEMPORAL.

La existencia de los vetones corresponde a la II Edad del Hierro (desde mediados del s. V a.C.) en la Península Ibérica hasta su romanización, a partir del s. II a.C. Esta época está caracterizada por la generalización de la metalurgia del hierro, por la cerámica a torno y por un nuevo tipo de poblamiento, el castro. Uno de los pueblos portadores de esta cultura fueron los vetones, que fueron los pobladores de nuestra comarca del Abadengo.

Tenemos noticias de ellos desde finales del s. III a.C. a través de las fuentes escritas griegas y latinas. Pero el mayor conocimiento que de ellos tenemos procede de los hallazgos arqueológicos. Los encontramos asentados en un amplio territorio que se corresponde con la mayor parte de las provincias de Salamanca y Ávila, y la mitad oriental de la provincia de Cáceres. Vivían, pues, entre los ríos Duero-Tormes, Tajo y Guadiana, a ambos lados del Sistema Central (en otros tiempos llamado Cordillera Carpetovetónica).

Sobre su nombre, los griegos los llaman ouéttones ( ???tt??e? ) y, posteriormente, los latinos vettones (o vectones ). Al parecer podría ponerse en conexión con una raíz celta *vect "lucha", de modo que su nombre vendría a significar algo así como "los luchadores". Por cierto, que los vetones eran un pueblo indoeuropeo, emparentado con los antiguos celtas o galos (acuérdate de Asterix o de la música de tipo celta o de los personajes mitológicos que habrás podido ver en el Señor de los Anillos).

PRINCIPALES RASGOS CULTURALES.

Los vetones eran un pueblo principalmente ganadero, dedicado a la cría de ganado vacuno, porcino y equino. Esta primacía de la ganadería en su economía estaba relacionada con las características geológicas y geográficas del terreno que ocupaban, no muy apto para la agricultura, aunque también realizaban algunas tareas agrícolas (especialmente el cultivo de cereales). Es fácil imaginar que recolectaban los frutos que su medio natural les proporcionaba (bellotas, castañas), cazaban los animales que habitaban en los abundantes y espesos bosques (encinares y robledales sobre todo), e incluso tal vez aprovecharan la riqueza pesquera de los ríos. Sabemos que explotaron algunos yacimientos minerales (estaño).

Vivían fundamentalmente en castros. Los castros eran unos recintos amurallados dentro de los cuales vivían desde unas pocas familias hasta comunidades de varios centenares de personas. La ubicación de los castros seguía unos patrones; se construían en lugares relativamente escarpados (por lo tanto fáciles de defender), próximos a los ríos o arroyos importantes; las murallas constaban de dos paredes externas (paramentos) de rocas en seco (unidas sin argamasa) y labradas sólo lo imprescindible; el interior de la muralla se cubría con rocas dispuestas a modo de relleno. Extramuros podía haber algún foso rudimentario o zonas de piedras hincadas (rocas afiladas clavadas en la tierra) para defender algunos accesos al castro que fueran más vulnerables.

Dentro del castro y en sus alrededores vivían las gentes y sus ganados. En alguno de los castros conservados se puede comprobar que también había rediles para el ganado intramuros. Próximas a las murallas, pero fuera del recinto, solían estar las necrópolis (es decir, los cementerios); parece que los vetones practicaron la incineración (¡eso de conservar las cenizas no es tan moderno!).

Poco sabemos de la organización social de los vetones; y lo que se sabe está constantemente sometido a discusión y nuevas interpretaciones. Básicamente, su organización debía consistir en clanes o grupos tribales que tenían antepasados comunes. Dentro de cada comunidad, especial lugar ocupaban los guerreros, aquellos que podían tener riqueza suficiente para tener caballo; ellos constituían la aristocracia (un grupo minoritario más rico y poderoso) de la que surgiría el jefe militar (y tal vez también religioso). Luego estarían los artesanos y finalmente la mayoría de la población. No está claro que entre los vetones hubiera esclavos.

En cuanto a la propiedad, parece que coexistían primitivas formas de propiedad comunal con la propiedad privada. Te puedes imaginar que la aristocracia no dejaría pasar la oportunidad de quedarse con las mejores tierras y el mejor ganado, ¡no han cambiado mucho las cosas en miles de años!.

De la religión vetónica conocemos el nombre de algunas divinidades: Vaelicus (tal vez un dios-lobo), Ataecina (probable divinidad agraria), Trebarona, Arentia, Arentius, etc. De sus prácticas religiosas, sabemos que tenían santuarios (alguno de ellos conservado) y que el acto central debían de ser los sacrificios y las ofrendas, como entre la mayor parte de los pueblos antiguos. ¿Qué sacrificaban? Pues animales de su cabaña doméstica o de los que podían cazar (es probables que hubiera algún sacrificio humano esporádico; ¡no te extrañes, nosotros seguimos practicándolo de una manera u otra!). ¿Qué ofrecían? Pues leche, productos agrarios e incluso cerveza. ¿Acaso no sabías que los celtas eran grandes bebedores de cerveza y que el nombre de esta bebida se debe a este pueblo? Terminarás por descubrir que los antiguos también tenían sus gustillos.

En relación con su religión estarían los famosos verracos o toros, de los que algunos han sido hallados en nuestra comarca. ¿Para qué servían? Los arqueólogos e historiadores, cuando no están seguros de la utilidad de algún objeto de las culturas antiguas, tienen la costumbre de decir que es un “objeto cultual o religioso”.

Para acabar esta breve visita al modo de vida de los vetones, ¡no olvides que eran antepasados tuyos! ¿Eh? ¿Hay algún vestigio vetón en tu pueblo?

 
Realización: IES Tierras de Abadengo - Diseño y fotografía: Infotur